Otro día

El soñador (Las ruinas de Oybin), por Caspar David Friedrich. Año 1.835.

Otro día

Duerme. Duerme. En verdad no. Despierta. Estaba despierto. No duerme bien. Suena. Ya. Alarma. La alarma. Estaba despierto. Justo antes de que sonara. Lo sabía. Sabía que iba a sonar. Estaba bien despierto. Ruido. Mover. Moverse. Agua. Sube. Hasta el grifo. El agua. Fría aún. Fría. Fría. Casi fría. Casi. Se templa. Tiembla. Casi frío. Casi. Agua. Sube. Llega. Abajo. La caldera. Vieja. Vieja caldera. Tiembla. Se templa. Lenta. Gorda. Vieja. Ya. Sube. Casi templada. La mano. Debajo. Tocando. Que salga bien. Que suba bien. Sale. Casi bien. Casi. Ya. Ya. Dentro. Tiembla. Casi. Aún. Otro día. Otro.

Fin

Mañana es lunes

Retrato de Anton Peschka, por Egon Schiele. Año 1.909.

Mañana es lunes

Nada. Solo un poco de olor a detergente. El vecino de abajo ha lavado ropa. Ahora la cuelga. Ahora quiere que se le seque. Hace sol aún. Aire suave. Mira abajo. Hay gente. Pasean. Hablan. Miran. No quieren que la tarde acabe. Mañana es lunes. Pasa el tiempo. Escucha al vecino abajo. Tiende más ropa. Pasa un poco más de tiempo. Lento. Se fija en la tienda. Nadie se fija en ella. Se fija en la tienda en la que nadie se fija un domingo por la tarde. El dueño se lleva la ropa los sábados. Han roto otros cristales en la calle. Para robar dentro. Salchichones y cerveza y cigarrillos y más cosas. El hombre no se fía. Se lleva la ropa que vende cada sábado por si acaso. Pero deja los maniquíes. Desnudos. Tan secos. Se fija en ellos. Anoche los vio. Cuando volvía. Vio al hombre que ya cerraba. Y a los maniquíes que le recordaron a un muerto. A uno que no pueden enterrar bien. Como si se hubiera suicidado. En el pueblo de los abuelos había algunos así. Fuera del cementerio. Les quitaban los palos que los familiares les ponían encima. Como una cruz. Los niños se las quitaban. Huele. A ropa y a detergente. A cosa secándose. Pasa un poco más de tiempo. Mañana es lunes.

Fin

El muerto

Blueberry Eyes, por Franz Kline. Años 1.959 a 1.969.

El muerto

Me hago el dormido. Ruido de la cocina. Mamá termina. Deja los platos y los vasos y las cosas de la cena secándose. Agua. Grifo. Cañerías. Termina. Papá no ha llegado aún. Ruido del pasillo. Ya viene. Me hago el dormido. El muerto. Me olvido de mí mismo. Cierro los ojos. Aprieto. Fuerte. Fuerte. Los borro. Se borra. Todo. Pero pensar en el trapo donde las cosas enjuagadas se secan me da escalofríos. Cierro más los ojos. Morir dentro, pienso. Quieto. Ya viene. Hago que duermo. Ahora entrará a besarme la frente. O los ojos. Y pensará que soy feliz.

Fin

Habitación de hotel

El puente japonés, por Claude Monet. Años 1.918 a 1.919.

Habitación de hotel

Miro el cuadro de mi habitación otra vez. Un río. Un puente y agua debajo. Y verde oscuro. Fuera, en el pasillo, está el de unos perros persiguiendo algo. Y cazadores. Chillándoles. En mitad de un bosque. El suelo está templado. La madera apenas suena. No quiero hacer ruido. Me siento en la cama. Pienso en que mañana es abril antes de apagar la luz. El abuelo cumplía años en abril. Ya. Me meto dentro. Pienso en dormirme. Me duele algo la barriga. Me giro. Algo en la barriga duele. Huelo la almohada. Huele a blanco. A limpio. Respiro. Me giro. Pienso en dormirme otra vez. En respirar. Silencio. Todo tiene que quedarse callado. Pasos abajo. Quiero apagarlo. Todo. Me giro otra vez. Miro el cuadro. El río del cuadro. Lo sigo viendo. Aunque sea a oscuras. Ruido de cisterna abajo. No puedo dormir. Lo pienso.

Fin

Sábado noche

Clínica psiquiátrica de Waldau, por Adolf Wölfli. Año 1.921.

Sábado noche

Ya no hace frío pero ve humo por encima de los tejados. Sobre el del bar también. Está la gente de siempre. Comen carne asada que echan en la lumbre. Mientras se hace, beben. Vasos blancos, vasos rojos y vasos amarillos. Beben. Le gusta estar ahí. Algunos sábados va. Se queda a dormir allí. En el pueblo donde vivían sus padres. Sus abuelos. Mañana vuelve temprano, piensa. Mientras bebe. Miran fútbol en el televisor. Pide más cerveza. Casi nadie habla. La hija del dueño ya no ayuda a su padre. Ya no vive con él. El hombre está más gordo y viejo. Sale a darle la vuelta a dos o tres trozos de carne. Vuelve. Más bebida. Más. Enjuaga un plato. Corta pan. Saca de detrás más carne. Comen. Beben. Mira el fútbol también. No habla. Más cerveza. Un perro asoma la cabeza. Quiere entrar. Alguien hace como que da una patada. El animal huye. Todos vuelven al televisor. Comen y beben. La carne sienta bien. Calienta. Huele a chimenea. Como la ropa. Como la piel. Como los pulmones. Fuman. Saliva en la boca. Mezclada con vino. Con grasa. Tragan. Está bien así. El partido acaba. Piden más. Pero él se va. Mañana, piensa. Cuando sale, un perro quiere acercarse otra vez. No sabe si es el mismo de antes. Después de la iglesia se queda un rato quieto en el puente. Mira que no venga nadie y se queda más quieto aún. Abajo. Todo es negro. Devora. Se marcha. Se marcha pero antes escupe. Abajo.

Fin

Mediodía

Familia, por Emil Nolde. Año 1.943.

Mediodía

Orden. Ordenado. Los muñecos en su baúl. Los libros en su estantería. Los deberes en su mesa. El lápiz con punta. Virutas en la papelera. Orden ordenado. Mamá lo quiere así. Luego me preguntará la lección. Leerá el cuaderno. Torcido. Rápido. Mal. Don R. le dijo que hiciera más ejercicios de caligrafía. Que escribo mal todavía. Rápido. Torcido. Mal. Los otros niños mejoran. Más rápido. Miro al patio. Las gallinas rascan la tierra. La abuela pela patatas. En su taburete. No, termina ya. Ahora las corta. Comemos guiso hoy. Olor. Olor a ceniza caliente. La lumbre. Me gusta soplarle. Se ilumina la cara. Algo. ¿Estoy ahí? Como ceniza. No quiero seguir con el cuaderno. Me gusta ayudar a la abuela. Cuando cocina. Mediodía. Ahora. Hambre. Barro. Cazuela. Carne. Dentro. Color. Calor. Muy cerca de mis ojos.

Fin

No pensar

Flores de otoño y luna, por Hōitsu Sakai.

Leer. No pensar. Esta tarde. Mientras llueve. Mientras se hace de noche. Ya encienden las farolas. Miro abajo. Unos se adelantan a otros. Lleva lloviendo desde ayer. Todos quieren llegar a casa. Llegar. Volver. Todos quieren. Miro el libro en la mesa. Debajo hay una gota rosa. Oscura. Sería de anoche, pienso. Del vino. No pensar. Vuelvo al libro. Lo abro. Lo cojo y lo abro. Estoy sentado. Leo. Página diecinueve. “Pero la realidad no tiene escapatoria. Los durmientes se han despertado y empiezan a comer y a hablar”. No pensar. Lo suelto. Estoy en la ventana. He soltado el libro y estoy en la ventana. La gente ha llegado ya. Miro las ventanas. Cálidas. Amarillas. La gente ha llegado ya. Llueve. Se ha hecho de noche.

Fin